La Decena Trágica
Durante esta época México vivió una situación turbulenta. Las fuerzas rebeldes abundaban en forma de guerrilla a lo largo de todo el territorio nacional, el gobierno era atacado severamente por la prensa y mostraba ciertos signos de debilidad. En medio de ese ambiente de desasosiego surgió un nuevo movimiento armado dirigido por el General Bernardo Reyes en la frontera Norte, pero el fracaso que resintió pronto le condujo a rendirse y fue tomado preso. Otro brote de oposición lo animó el General Félix Díaz, sobrino del antiguo Presidente que se sublevó en Veracruz, y que tras algunas vicisitudes fue derrotado y conducido a la penitenciaria de la Ciudad de México.
A pesar de que las tropas federales apoyaban a Madero, algunos militares se comunicaron con los dos presos y organizaron una revuelta que tendría por objeto la aprehensión del Presidente y Vicepresidente, y el establecimiento de una junta revolucionaria para reorganizar el gobierno. Los Generales Félix Díaz y Bernardo Reyes fueron liberados para que actuasen; Reyes se dirigió al Palacio Nacional, pero fue atacado por tropas federales leales y murió; el resto de los rebeldes se apoderaron de un recinto militar llamado “la Ciudadela”, y se atrincheraron en ella.
El Presidente Francisco I. Madero designó a Victoriano Huerta como comandante de la Plaza, en sustitución de Lauro Villar que había sido herido en los combates, y llamó a las tropas del General Felipe Ángeles de Cuernavaca, para sitiar la ciudadela y aprehender a los rebeldes.
Tras la renuncia de Madero se nombró como presidente interino a Pedro Lascuráin, quién había fungido como ministro de Relaciones Exteriores. Su gestión se prolongó de las 10:34 a las 11 de la mañana de aquel día. Durante ese transcurso de tiempo nombró como ministro de Gobernación a Huerta y renunció a la Presidencia, quedando Victoriano Huerta a cargo del poder.